jueves, 23 de septiembre de 2010

Marta Brunet

"A veces la soledad pesa. Es como un molde que se va ciñendo al propio cuerpo hasta oprimirlo. Hay algo que duele adentro y los músculos envarados no se atreven a un movimiento que delataría su torpeza. Son sensaciones que duran menos que un segundo, pero que dejan la horrible frialdad del vértigo en el pecho y en el corazón un aletear de pájaro caído. Entonces se busca alguien alrededor, alguien para alargarle la mano, temerosa de no lograr el movimiento y hallar en la otra palma una certeza de calor vital, una especie de cuenco en que acurrucarse. Esa soledad de pozo húmedo que nos despierta a media noche con el pavor de estar efectivamente en lo hondo de un pozo, desesperadamente mirando arriba el punto de salida inalcanzable. Esa soledad en que empiezan a caer las palabras dichas por una misma a media voz para espantar el intolerable silencio de las horas, que morosos relojes no terminan de enviar nunca al pasado. Ese deseo que asalta y empuja a no hacer siempre lo mismo, a no calcar hoy el gesto que se hizo ayer".

María Nadie.

domingo, 1 de agosto de 2010

La conciencia rigurosa - Teófilo Cid

Sufría en esta estrella
El corazón le sobra para naufragar
Sólo queda su puñal entre las hojas
Un puñal que cae a gotas
Con ritmos de tornasol
Las lámparas anuncian la inocencia
El odio al hallazgo
Nada más que obscuridad para encontrar su éxito
Sus manos que trabajan con la lluvia
Su cielo cómplice del crimen
Novia que fue perdida al atraparlo
Nada más que una palabra
Pudo salvar al monstruo de nacer sonrisa
Hay sólo una crueldad
Quemar encantos huir del beso
Las llamas ahí podrían convertirse en beso
En enaguas bordables
En cigüeñas
En este molde
Nacen los niños para dar espanto
La mujer lejos de la aurora
A desteñir los dientes
Su suelo que mueve el mar
Entre las manos hay siempre azar
Un motivo para matar a las doncellas
Una crueldad que conduce a un altamar
Un goce que llega de los huesos
Y nos hace impenetrables
Eso
Más tú que vives desheredando flores
Ganándote la vida en vez de darla
De hacer que crezcan alas en lugar de pelos
Un polo hasta los juegos
Hasta el placer magnético inviolable

lunes, 31 de mayo de 2010

Madrugada

Desnudo soñando una noche solar.
He yacido días animales.
El viento y la lluvia me borraron
como a un fuego, como a un poema
escrito en un muro.

Alejandra Pizarnik

domingo, 16 de mayo de 2010

Genio y figura

A Winétt

Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.

Aún mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche «Dios» llevaba entre mundos que van
así, mi niña, solos, y tú dices: «te quiero»
cuando hablas con «tu» Pablo, sin oírle jamás.

El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
El cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
Lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.

Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.

Pablo de Rokha

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cogí mi botella y me fui al dormitorio. Me quité los calzones y me eché en la cama. Nada estaba en armonía. La gente sólo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante: comunismo, comida natural, zen, surfing, ballet, hipnotismo, terapia de grupo, orgías, paseos en bicicleta, hierbas, catolicismo, adelgazamiento, viajes, psicodelia, vegetarianismo, la india, pintar, escribir, esculpir, componer conducir, yoga, copular, apostar, beber, andar por ahí, yogurt helado, Beethoven, Bach, Buda, Cristo, jugo de zanahorias, suicidio, trajes hechos a mano, viajes en jet, Nueva York, y de repente todo ello se evaporaba y se perdía. La gente tenía que encontrar cosas que hacer mientras esperaba la muerte. Supongo que estaba bien poder elegir.
Yo hice mi elección. Cogí la botella de vodka y me pegué un buen trago. Los rusos conocían el tema.

Chinasky.

lunes, 19 de abril de 2010

Fue un leve tropiezo, pero la realidad parece haber ondeado el transcurso y la fluidez de las cosas. Ahora las miradas distantes me inquietan más que el llegar pronto a casa.

jueves, 15 de abril de 2010

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Enrique Lihn