domingo, 14 de octubre de 2012

La moral es la debilidad del cerebro.

Rimbaud

miércoles, 3 de octubre de 2012

-¿Es usted, señor Kiang? -Digo cortésmente-. Me parece haberlo visto antes.
-Mi nombre es Kiang Tao. Es posible que me haya visto... Doy tantas conferencias... Quizás en una de esas conferencias.
Su voz de gato me hace recordar la escena a la que había asistido tres años antes. Luego de prodigarle algunos elogios, le doy a conocer mi intención. Me echa una mirada con el rabillo del ojo.
-En Shanghai hay ahora más candidatos que empleos. Incluso numerosos estudiantes que  han vuelto de Europa se hallan sin trabajo; a fortiori (con mayor razón) los que han estudiado en Japón. Por otra parte, muchos de mis compañeros tampoco tienen empleo. Yo soy también un humanitario, pero, dadas las circunstancias, no puedo hacer nada. Su coterráneo está actualmente en buena situación. ¿Por qué no va a verlo?
Le digo mis dificultades. Con su voz aguda, continúa:
-Para el bolsillo, no es difícil ganar unos centavos. ¿Sabe usted escribir cuentos?
Acuciado por la necesidad, me vuelvo más y más audaz.
-Sé.
-Bien. Escriba in cuento y tráigamelo. Vale más que cuando empiece a hacerlo se halle en un estado de bienestar.
-¡Eso es imposible! Cuando no puedo ni si quiera ganarme la vida, ¿de dónde podría sacar semejante sentimiento?
-Los hechos son una cosa y la doctrina es otra. Para que sus cuentos se vendan bien, hay que seguir las corrientes del pensamiento. Lo mejor es escribir la vida de un obrero y demostrar lo desgraciado que es, maltratado por el capitalista. Es preciso que su cuento contenga sangre y lágrimas, para emocionar a los lectores.
-Sí, sí. Tiene usted razón.
Me despido. Mientras comino por la calle iluminada por los débiles rayos del sol poniente, siento un dolor secreto que no me es posible disipar. Me seco algunas lágrimas. No me quedaban más que veinte centavos. ¿Si comprara con ese dinero papel y un pincel? ¿Pero podré escribir, traspasado de hambre? Si comprara algo de comer no tendría papel en qué escribir. Después de reflexionar, tomo un tranvía que me lleva al hotel de Y-Ping Sian, donde vive mi coterráneo. Temiendo que los mozos del hotel no me dejen entrar al verme tan mal vestido, tomo un aire altanero y voy directo a la oficina. Pregunto en inglés el número de la habitación de mi coterráneo, porque para asombrar a los demás hay que hablar una lengua extranjera. Subo al piso. Mi coterráneo está ausente. Siempre en inglés, le pido al mozo que me abra la puerta, entro y me siento ante el escritorio. No veo papel. Llamo de nuevo al mozo y le pido papel. Escribo, pues, un cuento de tres mil palabras, en el que hablo de un tirador de rickshaw. Vive en una casa más pequeña y más sucia que un corral de cerdos. El propietario quiere subir el arriendo. El pobre protesta y se querella con él- Interviene el policía, encuentra culpable al pobre y amenaza con meterlo a la cárcel. Este, aunque está furioso, no tiene nada que hacer. Sale de su casa y se pone a beber como un loco en una taberna. Cae la noche. Borracho, tropieza en la calle, rueda y allí se duerme. Un automóvil pasa sobre su pierna derecha estirada y la quiebra. El dolor lo despierta, estalla en sollozos ante su pierna cortada y cubierta de sangre. ¡He ahí algo donde hay "sangre y lágrimas"! Realmente es literatura de la cuarta clase. Así, pues, tomo como título Sangre y Lágrimas.
Mi coterráneo no ha regresado aún cuando yo termino el cuento. El reloj da las nueve. Tengo hambre. Salgo majestuosamente del hotel llevándome mi composición. De paso compro un pedazo de pan y luego subo a un tranvía.
Al cabo de un instante llego a casa de Kiang Tao. Le entrego mi manuscrito. El lo lee de inmediato, silenciosamente, bajo la lámpara.
-La idea de este cuento es buena. Pero no está bien escrito. Tome, aquí tiene un yinyuán.
Asombrado, recibo el dinero y me voy. Me parece que me he convertido ya en un cuentista. Mi mano aprieta la moneda y mi corazón salta. Cuando paso ante un restaurante cerca de la estación, entro y como con gran apetito. Sólo salgo a una hora avanzada. El cielo me parece más alto, la tierra más vasta. Los edificios giran a mi alrededor. Me pregunto dónde voy a pasar la noche.

Yu Ta-fu

sábado, 22 de septiembre de 2012

Yo no tenía esperanzas. Pero no lloraba. Tan sólo arrugaba la frente.

Lao Sheh

lunes, 3 de septiembre de 2012

ENFERMERA. –¿No deberíamos esterilizarlo, doctor?
DR. BENWAY. –Probablemente, pero no hay tiempo. –Se sienta en el desatascador como si fuera un bastón-asiento, y contempla cómo el ayudante hace la incisión–. Vosotros los jóvenes sois unos inútiles que no podéis sajar un grano sin bisturí eléctrico con drenaje automático y sutura más automática todavía… Dentro de poco estaremos operando por control remoto a unos pacientes que nunca habremos visto… No serviremos más que para apretar botones. La cirugía ya no necesitará habilidad… Ni conocimientos ni técnica… ¿Les he contado que una vez realicé una apendicectomía con una lata de sardinas oxidada? Y otra vez me encontré sin instrumental alguno y quité un tumor uterino con los dientes. Eso fue en el Alto Effendi, y además…
DR. LIMPF. –La incisión está lista, doctor.
El doctor Benway hace entrar la ventosa del desatascador por la incisión y bombea arriba y abajo. La sangre salta sobre los médicos, la enfermera y las paredes… La ventosa produce un chapoteo espantoso.
ENFERMERA. –Creo que está muerta, doctor.
DR. BENWAY. –Bueno, son gajes del oficio. –Cruza la habitación hacia el botiquín…– ¡Algún jodido drogadicto me ha cortado la cocaína con detergente! ¡Enfermera! ¡Mande al chico a buscarme esa receta a paso ligero!
El doctor Benway opera en un auditorio lleno de estudiantes:
–Bien, jóvenes, no verán ustedes realizar esta operación con mucha frecuencia y hay una buena razón para ello… No tiene el más mínimo valor médico. Nadie sabe cuál era su finalidad, ni si tenía alguna finalidad. Personalmente creo que se trató de una creación puramente artística desde el principio. Al igual que el torero logra eludir con su habilidad y sabiduría el peligro que él mismo ha provocado, el cirujano hace peligrar deliberadamente al paciente de esta operación, para luego, con increíble rapidez y celeridad, rescatarle de la muerte en la última fracción de segundo disponible… ¿Alguno de ustedes ha visto actuar al doctor Tetrazzini? Digo actuar a sabiendas, porque sus operaciones eran auténticas. Comenzaba lanzando un bisturí sobre el paciente desde la puerta y luego hacía su entrada de bailarín de ballet. Su velocidad era increíble: «Así no les dejo tiempo para morirse», decía. Los tumores le provocaban un frenesí de rabia. «¡Jodidas células sin disciplina!», refunfuñaba avanzando sobre el tumor como un navajero.

William Burroughs

martes, 7 de agosto de 2012


Gamberros rockeros adolescentes toman por asalto las calles de todas las naciones. Irrumpen en el Louvre y arrojan ácido al rostro de la Gioconda. Abren puertas de zoos, manicomios, cárceles, revientan las conducciones de agua con martillos neumáticos, rompen a hachazos el suelo en los lavabos de los aviones comerciales, apagan faros a tiros, liman los cables del ascensor hasta un solo hilo, conectan las alcantarillas a los depósitos de agua, arrojan tiburones y rayas, anguilas eléctricas y candirús a las piscinas (el candirú es un pez pequeño en forma de angula o gusano de medio centímetro de grosor y de unos cinco de largo que circula por ciertos ríos de mala reputación de la cuenca del Amazonas, y que se cuela por la picha o por el culo, o por el coño de las mujeres faute de mieux, y se queda allí enganchado gracias a sus espinas afiladas sin que se sepa bien con qué objeto porque no ha habido ningún voluntario que observe in situ el ciclo vital del candirú), meten el Queen Mary a toda máquina en el puerto de Nueva York vestidos de marineros, hacen carreras con aviones y autobuses de pasajeros, irrumpen vestidos de bata blanca en hospitales y clínicas llevando serruchos y hachas y bisturíes de un metro de largo; sacan a los paralíticos de sus pulmones de acero (imitan sus ahogos revolcándose por el suelo con ojos desorbitados), ponen inyecciones con bombas de bicicleta, desconectan los riñones artificiales, cortan a una mujer por la mitad con una sierra quirúrgica de dos manos, meten piaras de cerdos gritones en la Bolsa, cagan en el suelo de las  Naciones Unidas y se limpian el culo con tratados, pactos, alianzas.

Burroughs

miércoles, 1 de agosto de 2012

No todos eran así. Había algunos buenos tipos, y el Sordo era uno de los mejores. Nadie conocía su verdadero nombre, ni el Sordo se lo podía decir porque era sordomudo. Creo que se había pasado casi toda la vida dentro. Su celda era la más cómoda de toda la cárcel, era el único autorizado a hacerse el té. Estuve a menudo en su cuarto. No se hablaba nada, como es natural. Estábamos ahí sentados, a veces nos sonreíamos, nada más.  Hacía té -el mejor que he probado en mi vida. Algunas tardes daba una cabezada en su sillón, mientras él leía uno de los tebeos de guerra que tenía apilados en un rincón. Cuando algo me preocupaba solía contárselo. No entendía una palabra, pero asentía y sonreía o se ponía triste, lo que le parecía adecuado a la expresión de mi cara. En general, los demás presos le hacían muy poco caso. Los guardias le apreciaban y le traían  todo lo que quería. A veces tomábamos tarta de chocolate con el té. Sabía leer y escribir, así que no estaba mucho peor que yo.

Ian McEwan

miércoles, 4 de julio de 2012

miércoles, 30 de mayo de 2012

La memoria es una gran bendición, Peter. Lo mejor después de la muerte. 

Paul Auster

viernes, 4 de mayo de 2012

martes, 1 de mayo de 2012

Nieva, y todos en la ciudad quisieran cambiar de nombre.

Teillier
Yo sentado en la escalera trasera de un micro bus. Una muchacha cargada de libros deja caer uno por accidente. Todo muere. No, eso viene después. La mochila abultada se le viene encima cuando intenta alcanzar el libro. No consigue manejar la situación. Todos la miran. Los demás libros caen. Uno de ellos llega a mis pies. ¿La vida es injusta o simplemente es, así, sin más? No me importa, no me importan las respuestas. Me apresuro a recoger el libro. Se lo extiendo velozmente, como si mi buena voluntad se batiera en el tiempo que tardo en ayudarla. Está demasiado ocupada recolectando sus objetos. Sobrepongo el libro en mis rodillas y espero pacientemente. 
Aquello es el fin. Una vez que todo se halla nuevamente en orden le entrego su libro. No recuerdo su rostro, no recuerdo absolutamente nada de ella. Toca el timbre y el autobús se detiene bruscamente. Ella desciende por las escaleras. Permanezco inmóvil. Observo. Ella desaparece. Todo muere. El título que nunca miré del libro también muere. La historia de mi vida se puede resumir en un solo acto.

lunes, 30 de abril de 2012

La guerre seule hygiène du monde.

Marinetti

viernes, 27 de abril de 2012

martes, 24 de abril de 2012

Oye, disculpa, ¿tú viniste la semana pasada?
Sí.
¿De qué hablaron?
Emmm, de cine.
¿Y qué dijeron sobre cine?, ¿mostraron algo?
Mm. Hablaron de las vanguardias. Mostraron puras huevás raras, así que mejor no veas los videos.
¿Cuáles videos?
Los que mostraron. Están en la página del curso, creo.
Ahh, ¿en la plataforma?
Sí, en la plataforma.
Y tú por qué estás en el curso, ¿te gusta el cine, o porque es obligatorio y todo eso…?
Porque… no lo sé, porque me queda más cerca, en la misma facultad.
Yo he visto todas las películas que han mostrado hasta ahora.
Umm, interesante. ¿Qué se siente no tener vida?
¿Perdón?
¿Qué? Ah, no, nada.
¿Cómo se llama ésta?
Esta se llama: cabeza borradora.

domingo, 22 de abril de 2012

Bluebird - Bukowski

There's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say, stay in there, I'm not going
to let anybody see
you.

there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he's
in there.

there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?

there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody's asleep.
I say, I know that you're there,
so don't be
sad.

then I put him back,
but he's singing a little
in there, I haven't quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it's nice enough to
make a man
weep, but I don't
weep, do
you?

viernes, 20 de abril de 2012

Y en la parte en que el protagonista baja del micro bus para llegar por fin a casa, en esa parte habrá un adolescente colgado del pasamano de la puerta, justo a su lado, asomándose hacia afuera intentando observar algo, algo que en realidad no existe. Observando nada. 
¡Sí! ¿Por qué lo hacen? Me da mucha risa…
Pero, ¿eso no sería robarte la idea también?
Ay, no, si a mí me da lo mismo. Pienso que queda muy bien.
Pero una vez…
¡Ya!, sí sé lo que pasó una vez, pero basta. Te digo que a mí realmente no me importa que tomes algunas de mis ideas. Además, puede que no sea sólo mía, podría ser de cualquier persona que repare en ello. Son detalles. Y no me vengas con eso ahora, porque cuando te lo dije tú también me comentaste que te parecía divertido. A ti te gustan esa clase cosas, lo sé, por lo que es imposible que no te hayas fijado antes.
Para mí es imperceptible, te lo juro. Vivo inmerso en este lugar y hay cosas que no puedo ver, incluso si ocurren frente a mis ojos.
Ummm, no te creo.
No me creas.
¿Y tú me crees?
¿Se puede creer en ti?
Ya.
¿Ya qué?
Ya, nomás.
¿Entonces?
Te digo que no me afecta, si yo lo dije o lo hiciste tú, da lo mismo.
Pero qué pena que tenga que escribir tus ideas porque no tengo las propias, qué gracioso a la vez.
No son ideas de nadie y lo sabes. Son cosas que ocurren y que algunos tienen el ánimo de relatar. Tal vez lo meritorio está en la forma en que se hace.
Ah, entonces estoy perdido.
Más o menos.
¿Más o menos?
Jaja. No, mentira.
Tú deberías dedicarte a esto, pienso que te iría mucho mejor que a mí.
Tú estay loco, ¡yo sería un fracaso!
Nada de lo que haces te sale mal, eres lo estrictamente opuesto a mí.
Pero yo no sirvo para escribir… Tú eres el que escribe, ahora te haces el desentendido. Sabes que lo haces bien, a mí al menos me gusta leer tus cosas, eres mi favorito yo creo.
Yo pienso que tú sí sabes escribir, ¿qué hay de las cartas que me das?
Ay, ya, si sabís que me da vergüenza.
¿Y se puede creer en tus cartas, o también son pura ficción, como mis papeles?
Sí se puede.
Yo siempre creo.
Y yo sé que crees.
¿De dónde salió todo eso de las ideas? Perdón por preguntártelo, pero creo que no podría haber partido sino de ti.
Está bien, suficiente, se acabó el tema. Sólo te voy a decir lo siguiente: a veces, cuando uno ama a alguien, y está desesperada y no puede encontrar la manera de resolverlo, decide optar por lo más sano.
¿El odio?
Más o menos.
¿Cómo?
En este caso sí, el odio.
Pero…
Porque cuando no puedes estar con esa persona, e intentas todo cuanto está a tu alcance para olvidarla y nada de eso resulta, como ser indiferente por ejemplo, no hay más opción que comenzar a odiarla. Y cada vez que piensas en ella la odias más y más, la odias tanto como la amas. Odias para invadir, para sustituir lo que hay dentro. En definitiva odias porque no puedes hacer otra cosa. Pero por sobretodo te odias a ti misma.
¿Tienes los ojos abiertos?
Sí, ¿y tú?
Sí.
¿Pondrás al cabro que se asoma por la puerta?
Ahora ya no estoy tan seguro.
¿Por qué no?
Tengo que sintetizar el cuento, hasta ahora está más extenso que lo que señala las bases.
Pero es tu cuento.
Sí, lo es.
Entonces no lo cortes.
Pero si no lo hago lo rechazarán.
Pero si lo cortas dejaría de ser tu cuento.
En parte, sí.
Y dejaría de tener un pedacito de mí.
Si quiero ganar tendría que hacer el sacrificio.
¿En verdad te importa?
Sí y no.
No es que no quiera que concurses, pero si te lo pidiera, ¿dejarías el cuento como está, quiero decir, con su idea original?
Si tú me lo pidieras, sí.
Pero no quiero pedírtelo.
¿Por qué no?
Porque acabo de hacerlo.
¿Y entonces?
Entonces ya obtuve lo que quería.
¿Estoy entre tus redes?
De hecho, es todo lo contrario.

jueves, 12 de abril de 2012

Estaba sentada en la cama dibujando algo con carboncillo negro en un cartón blanco, empezó a hablarle según entraba en la habitación, «Por qué estás sin aliento» Henry se sentó en la cama. «He subido las escaleras corriendo, vi un hombre dormido en un dormitorio, parecía como muerto.» Linda dejó caer al suelo el dibujo y se echó a reír, «Ese es Theo, ¿no te había hablado de él?» Se subió la sábana hasta el cuello, «los domingos me despierto temprano pero no me levanto hasta la hora de comer.» Le mostró la ropa, «Me la ha dado tu madre, ¿dónde puedo cambiarme?» «Aquí, claro, al lado del pie tienes una percha y puedes meter el traje en el armario.» Subió más la sábana, hasta dejar sólo los ojos destapados, y miró a Henry colgar el traje, venir a sentarse en la cama a su lado, esta vez sin pantalones ni chaqueta para sentir en sus piernas desnudas el calor de su cuerpo a través de las gruesas mantas, se apoyó en sus pies, miró fijamente el pelo amarillo extendido sobre la almohada como abanico. Los dos se rieron de improviso sin motivo, Linda sacó la mano de la cama, le tiró el hombro. «¿Por qué no te metes tú también?» Henry se levantó, «Bueno». Ella se zambulló bajo las sábanas riendo como una tonta y diciendo con voz apagada «Pero antes tienes que quitarte toda la ropa.» Lo hizo, se metió a su lado, su cuerpo estaba más frío que el de Linda y la hizo tiritar cuando se echó apoyando el pecho en su espalda. Ella se dio la vuelta para mirarle de frente, en la penumbra color de rosa olía lechosa y animal, esre fue el comienzo y el final de su domingo cuando se acordaba de él, su corazón latía con fuerza en la almohada donde apoyaba la oreja, levantó una vez la cabeza para que ella apartase el pelo, y hablaron, sobre todo del colegio, su primera semana allí, los amigos que tenían y los profesores, no parecía posible que el día se llenara con otras cosas, se había puesto los vaqueros y el jersey de Linda, había almorzado y caminado con los miles de personas que hormigueaban sin rumbo por Kenwood House, damas altivas y frías, sus inverosímiles hijos, y se quedaron largo rato frente al Rembrandt, de acuerdo en que era la mejor de allí y quizás lo mejor del mundo, aunque a Linda no le gustaba la oscuridad que rodeaba a la figura, quería conocer su cuarto, después se sentaron en la casa de verano de Samuel Johnson, claro que era un escritor famoso pero de qué y cuándo, y de vuelta por el Heath con los centenares en la penumbra invernal, salió de debajo de las mantas para respirar y ella le apoyó la cabeza en el pecho y luego salió también, se quedaron echados con las frentes en contacto y dormitaron media hora, a lo mejor pasó todo en esa media hora de sueño, todo como una especia de largo sueño. Lo verdadero fue estar allí tumbado media hora o más, eso le pareció aquella noche en casa, en su propia cama.

Ian McEwan

sábado, 7 de abril de 2012

ALMUERZO DESNUDO: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.

Burroughs

jueves, 22 de marzo de 2012

En la cabecera de mi cama había pegado con una chincheta un papel que decía, en polaco, Anarquía Total, que una amiga de esta nacionalidad había escrito para mí. No creía que iba a vivir más allá de los treintaicinco años. Era feliz. Luego llegó 1981 y, sin que yo me diera cuenta, todo cambió.

Bolaño

lunes, 6 de febrero de 2012

Y sólo había una cosa que me importara en la vida: tocar la trompeta. Así que cuando me enteré de la historia esa de que estaban buscando gente para el barco a vapor, el Virginian, que estaba en el puerto, me puse en la cola. La trompeta y yo. Enero de 1927. Ya tenemos músicos, dijo el tipo de la Compañía. Lo sé, y me puse a tocar. Se quedó allí mirándome fijamente sin mover ni un músculo. Esperó a que acabara sin decir una palabra. Después me preguntó:
«¿Qué era eso?»
«No lo sé.»
Se le iluminaron los ojos.
«Cuando no sabes lo que es, entonces es jazz.»
Después hizo algo raro con la boca, quizás era una sonrisa, tenía un diente de oro justo aquí mismo, tan en el centro que parecía que lo había puesto en el escaparate para venderlo.
«Van como locos por esa música ahí arriba.»
Ahí arriba quería decir en el barco. Y aquella especie de sonrisa quería decir que me habían contratado.
Tocábamos tres, cuatro veces al día. Primero para los ricos de la clase de lujo, y luego para los de segunda, y de vez en cuando íbamos donde estaban aquellos pobres emigrantes y tocábamos para ellos, pero sin uniforme, tal como íbamos, y de vez en cuando tocaban ellos también con nosotros. Tocábamos porque el océano es grande y da miedo, tocábamos para que la gente no notara el paso del tiempo, y se olvidara de dónde estaba, y de quién era. Tocábamos para hacer que bailaran, porque si bailas no puedes morir, y te sientes Dios. Y tocábamos ragtime, porque es la música con la que Dios baila cuando nadie lo ve.
Con la que Dios bailaría si fuera negro.

Baricco

lunes, 23 de enero de 2012

Y me dan unas ganas infinitas de decirte: levántate, o decirte: resucita de una vez por todas y salgamos a la calle con el niño, el mío, el de dos años, mi amado niño y llevémoslo al hospital. Debemos llevarlo porque, después de todo, ya no tenemos nada que perder.

Diamela Eltit.

domingo, 22 de enero de 2012

Penita - Pablo Paredes

Tu corazón es una piñata de un cumpleaños
que ya fue
tu penita lo mancha todo
tu pena es de cloro,

como no hay plata para el psicólogo
lloras todos los días a las once

hay un pantano en tu mejilla

UN CARNICERO ANDA SUELTO
ENTRE TUS VÍSCERAS.

Como no hay plata para el psicólogo
lloras todos los días a las once
lloras con cuidado para no despertar a nadie,
bien cerquita del teléfono
por si un día te llama un milagro.

Cuando caminas
vas dejando challas sucias.

jueves, 12 de enero de 2012

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar

martes, 10 de enero de 2012

Y sentirme culpable cuando no tengo razón y contento cuando me perdonas y mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre...

Sarah Kane