sábado, 30 de noviembre de 2013
Recuerdo muy bien el día que sucedió. Estábamos en el campo y había salido a dar un paseo a solas, como hacía de vez en cuando. De súbito, al pasar ante la escuela, oí una canción alemana; los niños tenían clase de canto. Me detuve a escuchar, y en aquel instante se apoderó de mí una extraña sensación, difícil de analizar pero afín a algo que más tarde conocería muy bien: una sensación turbadora de irrealidad. Me daba la sensación de que ya no reconocía la escuela, la cual se había hecho tan grande como un barracón; los niños que cantaban eran prisioneros, obligados a cantar. Era como si la escuela y la canción de los niños estuvieran separados del resto del mundo. Al mismo tiempo mi mirada tropezó con un trigal cuyos límites no podía ver. La vastedad amarilla, deslumbrante bajo el sol, se unía a la canción de los niños encarcelados en la escuela-barracón de piedra pulida, y me producía tal inquietud que rompí en sollozos. Corrí al jardín nuestra casa y empecé a jugar «para hacer que las cosas parecieran como de costumbre», es decir, para volver a la realidad. Fue la primera aparición de aquellos elementos que estuvieron siempre presentes en posteriores sensaciones de irrealidad: vastedad sin límites, luz brillante y el resplandor y la suavidad de las cosas materiales. (Rence Sechehaye)
sábado, 9 de noviembre de 2013
Son espejismos las ciudades
no corren los trenes, nadie camina por las calles
y todo está en silencio
como si hubiera huelga general
Pero porque todo está hecho para tu olvido
y yo mismo dudo si soy muerto o viviente
tal vez ni mis brazos puedan cruzarse sobre mi pecho
acostumbrado como estaban al contorno de tu cuerpo
Pero aunque no sobrevivirán muchas cosas
y es cierto que mis ojos no serán mis ojos
ni mi carne será mi carne
y que Chile entero te está olvidando
Que se me derritan los ojos en el rostro
si yo me olvido de ti
Que se crucen los milenios y los ríos se hagan azufre
y mis lágrimas ácido quemándome la cara
si me obligan a olvidarte
Porque aún hay miles de mujeres en quien poder
alegrarse y basta un golpe de manos
para que vuelvan a poblarse las calles
no reverdecerán los pastos
ni sonarán los teléfonos ni correrán los trenes si
no te alzas tú la renacida entre los muertos
Hoy se han secado los últimos valles
y quizá ya no haya nadie
con quien poder hablar sobre la tierra
Pero aunque eso suceda
y Chile entero no sea más que una tumba
¡Despiértate tú, desmayada, y dime que me quieres!
no corren los trenes, nadie camina por las calles
y todo está en silencio
como si hubiera huelga general
Pero porque todo está hecho para tu olvido
y yo mismo dudo si soy muerto o viviente
tal vez ni mis brazos puedan cruzarse sobre mi pecho
acostumbrado como estaban al contorno de tu cuerpo
Pero aunque no sobrevivirán muchas cosas
y es cierto que mis ojos no serán mis ojos
ni mi carne será mi carne
y que Chile entero te está olvidando
Que se me derritan los ojos en el rostro
si yo me olvido de ti
Que se crucen los milenios y los ríos se hagan azufre
y mis lágrimas ácido quemándome la cara
si me obligan a olvidarte
Porque aún hay miles de mujeres en quien poder
alegrarse y basta un golpe de manos
para que vuelvan a poblarse las calles
no reverdecerán los pastos
ni sonarán los teléfonos ni correrán los trenes si
no te alzas tú la renacida entre los muertos
Hoy se han secado los últimos valles
y quizá ya no haya nadie
con quien poder hablar sobre la tierra
Pero aunque eso suceda
y Chile entero no sea más que una tumba
¡Despiértate tú, desmayada, y dime que me quieres!
R. Zurita
sábado, 26 de octubre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
sábado, 31 de agosto de 2013
sábado, 17 de agosto de 2013
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