miércoles, 4 de febrero de 2009

Vicente Huidobro - Balance Patriótico

“¡Pobre país, hermosa rapiña para los fuertes! Y así vienen, así se dejan caer sobre nosotros; las inmensas riquezas de nuestro suelo son disputadas a pedazos por las casas extranjeras y ellos viendo la indolencia y la imbecilidad troglodita de los pobladores del país, se siente amos y les tratan como lacayos, cuando no como a bestias. Ellos fijan los precios de nuestros productos, ellos fijan los precios de nuestra materia prima al salir del país y luego nos fijan otra vez los precios de esa misma materia prima al volver al país elaborada. Y como si esto fuera poco, ellos fijan el valor cotidiano de nuestra moneda.
Vengan los cuervos. Chile es un gran panizo. A la chuña señores; corred todos, que todavía quedan migajas sobre la mesa.
Chile aparece como un inmenso caballo muerto, tendido en las laderas de los Andes bajo un gran revuelo de cuervos.
La historia financiera de Chile se resume en la biografía de unos cuantos señores que asaltaban el erario nacional. La justicia en Chile haría reír, si no hiciera llorar. Nuestra justicia es un absceso putrefacto que apesta el aire y hace la atmosfera irrespirable. Nuestra justicia está podrida y hay que barrerla en masa. Judas sentado en el tribunal después de la crucificación, acariciando en su bolsillo las treinta monedas de su infamia, mientras interroga a un ladrón de gallinas… Un Congreso que era la feria sin pudicia de la imbecilidad. Un Municipio del cual sólo podemos decir que a veces poco ha faltado para que un municipal se llevara en la noche la puerta de la municipalidad y la cambien por la de su casa. Si no empeñaron el reloj de la intendencia y la estatua de San Martín, es porque en las agencias pasan poco por artefactos desmesurados. ¿Hasta cuándo señores? ¿Hasta cuándo? Es inútil hablar, es inútil creer que podemos hacer algo grande mientras no se sacuda todo el peso muerto de estos viejos políticos embarazados de palabras ñoñas y frases hechas. He ahí el símbolo de nuestros políticos. Siempre dando golpes a los lados, jamás apuntando el martillazo en medio del clavo. ¡Que mueran ellos pero que no muera el país! Que suban al arca unos cuantos Noé y los demás perezcan en el diluvio de la sangre pútrida. Como la suma de los latrocinios de los viejos políticos es ya inmensurable, que se vayan, que se retiren. Nadie quiere saber más de ellos. Es lo menos que se les puede pedir. Entre la vieja y la nueva generación la lucha va a empeñarse sin cuartel. Entre el hombre de ayer sin más ideales que el vientre y el bolsillo, y la juventud que se levanta pidiendo a gritos un Chile nuevo y grande, no hay tregua posible.”

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