jueves, 12 de abril de 2012

Estaba sentada en la cama dibujando algo con carboncillo negro en un cartón blanco, empezó a hablarle según entraba en la habitación, «Por qué estás sin aliento» Henry se sentó en la cama. «He subido las escaleras corriendo, vi un hombre dormido en un dormitorio, parecía como muerto.» Linda dejó caer al suelo el dibujo y se echó a reír, «Ese es Theo, ¿no te había hablado de él?» Se subió la sábana hasta el cuello, «los domingos me despierto temprano pero no me levanto hasta la hora de comer.» Le mostró la ropa, «Me la ha dado tu madre, ¿dónde puedo cambiarme?» «Aquí, claro, al lado del pie tienes una percha y puedes meter el traje en el armario.» Subió más la sábana, hasta dejar sólo los ojos destapados, y miró a Henry colgar el traje, venir a sentarse en la cama a su lado, esta vez sin pantalones ni chaqueta para sentir en sus piernas desnudas el calor de su cuerpo a través de las gruesas mantas, se apoyó en sus pies, miró fijamente el pelo amarillo extendido sobre la almohada como abanico. Los dos se rieron de improviso sin motivo, Linda sacó la mano de la cama, le tiró el hombro. «¿Por qué no te metes tú también?» Henry se levantó, «Bueno». Ella se zambulló bajo las sábanas riendo como una tonta y diciendo con voz apagada «Pero antes tienes que quitarte toda la ropa.» Lo hizo, se metió a su lado, su cuerpo estaba más frío que el de Linda y la hizo tiritar cuando se echó apoyando el pecho en su espalda. Ella se dio la vuelta para mirarle de frente, en la penumbra color de rosa olía lechosa y animal, esre fue el comienzo y el final de su domingo cuando se acordaba de él, su corazón latía con fuerza en la almohada donde apoyaba la oreja, levantó una vez la cabeza para que ella apartase el pelo, y hablaron, sobre todo del colegio, su primera semana allí, los amigos que tenían y los profesores, no parecía posible que el día se llenara con otras cosas, se había puesto los vaqueros y el jersey de Linda, había almorzado y caminado con los miles de personas que hormigueaban sin rumbo por Kenwood House, damas altivas y frías, sus inverosímiles hijos, y se quedaron largo rato frente al Rembrandt, de acuerdo en que era la mejor de allí y quizás lo mejor del mundo, aunque a Linda no le gustaba la oscuridad que rodeaba a la figura, quería conocer su cuarto, después se sentaron en la casa de verano de Samuel Johnson, claro que era un escritor famoso pero de qué y cuándo, y de vuelta por el Heath con los centenares en la penumbra invernal, salió de debajo de las mantas para respirar y ella le apoyó la cabeza en el pecho y luego salió también, se quedaron echados con las frentes en contacto y dormitaron media hora, a lo mejor pasó todo en esa media hora de sueño, todo como una especia de largo sueño. Lo verdadero fue estar allí tumbado media hora o más, eso le pareció aquella noche en casa, en su propia cama.

Ian McEwan

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