martes, 24 de abril de 2012

Oye, disculpa, ¿tú viniste la semana pasada?
Sí.
¿De qué hablaron?
Emmm, de cine.
¿Y qué dijeron sobre cine?, ¿mostraron algo?
Mm. Hablaron de las vanguardias. Mostraron puras huevás raras, así que mejor no veas los videos.
¿Cuáles videos?
Los que mostraron. Están en la página del curso, creo.
Ahh, ¿en la plataforma?
Sí, en la plataforma.
Y tú por qué estás en el curso, ¿te gusta el cine, o porque es obligatorio y todo eso…?
Porque… no lo sé, porque me queda más cerca, en la misma facultad.
Yo he visto todas las películas que han mostrado hasta ahora.
Umm, interesante. ¿Qué se siente no tener vida?
¿Perdón?
¿Qué? Ah, no, nada.
¿Cómo se llama ésta?
Esta se llama: cabeza borradora.

domingo, 22 de abril de 2012

Bluebird - Bukowski

There's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say, stay in there, I'm not going
to let anybody see
you.

there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he's
in there.

there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?

there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody's asleep.
I say, I know that you're there,
so don't be
sad.

then I put him back,
but he's singing a little
in there, I haven't quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it's nice enough to
make a man
weep, but I don't
weep, do
you?

viernes, 20 de abril de 2012

Y en la parte en que el protagonista baja del micro bus para llegar por fin a casa, en esa parte habrá un adolescente colgado del pasamano de la puerta, justo a su lado, asomándose hacia afuera intentando observar algo, algo que en realidad no existe. Observando nada. 
¡Sí! ¿Por qué lo hacen? Me da mucha risa…
Pero, ¿eso no sería robarte la idea también?
Ay, no, si a mí me da lo mismo. Pienso que queda muy bien.
Pero una vez…
¡Ya!, sí sé lo que pasó una vez, pero basta. Te digo que a mí realmente no me importa que tomes algunas de mis ideas. Además, puede que no sea sólo mía, podría ser de cualquier persona que repare en ello. Son detalles. Y no me vengas con eso ahora, porque cuando te lo dije tú también me comentaste que te parecía divertido. A ti te gustan esa clase cosas, lo sé, por lo que es imposible que no te hayas fijado antes.
Para mí es imperceptible, te lo juro. Vivo inmerso en este lugar y hay cosas que no puedo ver, incluso si ocurren frente a mis ojos.
Ummm, no te creo.
No me creas.
¿Y tú me crees?
¿Se puede creer en ti?
Ya.
¿Ya qué?
Ya, nomás.
¿Entonces?
Te digo que no me afecta, si yo lo dije o lo hiciste tú, da lo mismo.
Pero qué pena que tenga que escribir tus ideas porque no tengo las propias, qué gracioso a la vez.
No son ideas de nadie y lo sabes. Son cosas que ocurren y que algunos tienen el ánimo de relatar. Tal vez lo meritorio está en la forma en que se hace.
Ah, entonces estoy perdido.
Más o menos.
¿Más o menos?
Jaja. No, mentira.
Tú deberías dedicarte a esto, pienso que te iría mucho mejor que a mí.
Tú estay loco, ¡yo sería un fracaso!
Nada de lo que haces te sale mal, eres lo estrictamente opuesto a mí.
Pero yo no sirvo para escribir… Tú eres el que escribe, ahora te haces el desentendido. Sabes que lo haces bien, a mí al menos me gusta leer tus cosas, eres mi favorito yo creo.
Yo pienso que tú sí sabes escribir, ¿qué hay de las cartas que me das?
Ay, ya, si sabís que me da vergüenza.
¿Y se puede creer en tus cartas, o también son pura ficción, como mis papeles?
Sí se puede.
Yo siempre creo.
Y yo sé que crees.
¿De dónde salió todo eso de las ideas? Perdón por preguntártelo, pero creo que no podría haber partido sino de ti.
Está bien, suficiente, se acabó el tema. Sólo te voy a decir lo siguiente: a veces, cuando uno ama a alguien, y está desesperada y no puede encontrar la manera de resolverlo, decide optar por lo más sano.
¿El odio?
Más o menos.
¿Cómo?
En este caso sí, el odio.
Pero…
Porque cuando no puedes estar con esa persona, e intentas todo cuanto está a tu alcance para olvidarla y nada de eso resulta, como ser indiferente por ejemplo, no hay más opción que comenzar a odiarla. Y cada vez que piensas en ella la odias más y más, la odias tanto como la amas. Odias para invadir, para sustituir lo que hay dentro. En definitiva odias porque no puedes hacer otra cosa. Pero por sobretodo te odias a ti misma.
¿Tienes los ojos abiertos?
Sí, ¿y tú?
Sí.
¿Pondrás al cabro que se asoma por la puerta?
Ahora ya no estoy tan seguro.
¿Por qué no?
Tengo que sintetizar el cuento, hasta ahora está más extenso que lo que señala las bases.
Pero es tu cuento.
Sí, lo es.
Entonces no lo cortes.
Pero si no lo hago lo rechazarán.
Pero si lo cortas dejaría de ser tu cuento.
En parte, sí.
Y dejaría de tener un pedacito de mí.
Si quiero ganar tendría que hacer el sacrificio.
¿En verdad te importa?
Sí y no.
No es que no quiera que concurses, pero si te lo pidiera, ¿dejarías el cuento como está, quiero decir, con su idea original?
Si tú me lo pidieras, sí.
Pero no quiero pedírtelo.
¿Por qué no?
Porque acabo de hacerlo.
¿Y entonces?
Entonces ya obtuve lo que quería.
¿Estoy entre tus redes?
De hecho, es todo lo contrario.

jueves, 12 de abril de 2012

Estaba sentada en la cama dibujando algo con carboncillo negro en un cartón blanco, empezó a hablarle según entraba en la habitación, «Por qué estás sin aliento» Henry se sentó en la cama. «He subido las escaleras corriendo, vi un hombre dormido en un dormitorio, parecía como muerto.» Linda dejó caer al suelo el dibujo y se echó a reír, «Ese es Theo, ¿no te había hablado de él?» Se subió la sábana hasta el cuello, «los domingos me despierto temprano pero no me levanto hasta la hora de comer.» Le mostró la ropa, «Me la ha dado tu madre, ¿dónde puedo cambiarme?» «Aquí, claro, al lado del pie tienes una percha y puedes meter el traje en el armario.» Subió más la sábana, hasta dejar sólo los ojos destapados, y miró a Henry colgar el traje, venir a sentarse en la cama a su lado, esta vez sin pantalones ni chaqueta para sentir en sus piernas desnudas el calor de su cuerpo a través de las gruesas mantas, se apoyó en sus pies, miró fijamente el pelo amarillo extendido sobre la almohada como abanico. Los dos se rieron de improviso sin motivo, Linda sacó la mano de la cama, le tiró el hombro. «¿Por qué no te metes tú también?» Henry se levantó, «Bueno». Ella se zambulló bajo las sábanas riendo como una tonta y diciendo con voz apagada «Pero antes tienes que quitarte toda la ropa.» Lo hizo, se metió a su lado, su cuerpo estaba más frío que el de Linda y la hizo tiritar cuando se echó apoyando el pecho en su espalda. Ella se dio la vuelta para mirarle de frente, en la penumbra color de rosa olía lechosa y animal, esre fue el comienzo y el final de su domingo cuando se acordaba de él, su corazón latía con fuerza en la almohada donde apoyaba la oreja, levantó una vez la cabeza para que ella apartase el pelo, y hablaron, sobre todo del colegio, su primera semana allí, los amigos que tenían y los profesores, no parecía posible que el día se llenara con otras cosas, se había puesto los vaqueros y el jersey de Linda, había almorzado y caminado con los miles de personas que hormigueaban sin rumbo por Kenwood House, damas altivas y frías, sus inverosímiles hijos, y se quedaron largo rato frente al Rembrandt, de acuerdo en que era la mejor de allí y quizás lo mejor del mundo, aunque a Linda no le gustaba la oscuridad que rodeaba a la figura, quería conocer su cuarto, después se sentaron en la casa de verano de Samuel Johnson, claro que era un escritor famoso pero de qué y cuándo, y de vuelta por el Heath con los centenares en la penumbra invernal, salió de debajo de las mantas para respirar y ella le apoyó la cabeza en el pecho y luego salió también, se quedaron echados con las frentes en contacto y dormitaron media hora, a lo mejor pasó todo en esa media hora de sueño, todo como una especia de largo sueño. Lo verdadero fue estar allí tumbado media hora o más, eso le pareció aquella noche en casa, en su propia cama.

Ian McEwan

sábado, 7 de abril de 2012

ALMUERZO DESNUDO: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.

Burroughs

jueves, 22 de marzo de 2012

En la cabecera de mi cama había pegado con una chincheta un papel que decía, en polaco, Anarquía Total, que una amiga de esta nacionalidad había escrito para mí. No creía que iba a vivir más allá de los treintaicinco años. Era feliz. Luego llegó 1981 y, sin que yo me diera cuenta, todo cambió.

Bolaño

lunes, 6 de febrero de 2012

Y sólo había una cosa que me importara en la vida: tocar la trompeta. Así que cuando me enteré de la historia esa de que estaban buscando gente para el barco a vapor, el Virginian, que estaba en el puerto, me puse en la cola. La trompeta y yo. Enero de 1927. Ya tenemos músicos, dijo el tipo de la Compañía. Lo sé, y me puse a tocar. Se quedó allí mirándome fijamente sin mover ni un músculo. Esperó a que acabara sin decir una palabra. Después me preguntó:
«¿Qué era eso?»
«No lo sé.»
Se le iluminaron los ojos.
«Cuando no sabes lo que es, entonces es jazz.»
Después hizo algo raro con la boca, quizás era una sonrisa, tenía un diente de oro justo aquí mismo, tan en el centro que parecía que lo había puesto en el escaparate para venderlo.
«Van como locos por esa música ahí arriba.»
Ahí arriba quería decir en el barco. Y aquella especie de sonrisa quería decir que me habían contratado.
Tocábamos tres, cuatro veces al día. Primero para los ricos de la clase de lujo, y luego para los de segunda, y de vez en cuando íbamos donde estaban aquellos pobres emigrantes y tocábamos para ellos, pero sin uniforme, tal como íbamos, y de vez en cuando tocaban ellos también con nosotros. Tocábamos porque el océano es grande y da miedo, tocábamos para que la gente no notara el paso del tiempo, y se olvidara de dónde estaba, y de quién era. Tocábamos para hacer que bailaran, porque si bailas no puedes morir, y te sientes Dios. Y tocábamos ragtime, porque es la música con la que Dios baila cuando nadie lo ve.
Con la que Dios bailaría si fuera negro.

Baricco