Y en la parte en que el protagonista baja del micro bus para llegar por fin a casa, en esa parte habrá un adolescente colgado del pasamano de la puerta, justo a su lado, asomándose hacia afuera intentando observar algo, algo que en realidad no existe. Observando nada.
¡Sí! ¿Por qué lo hacen? Me da mucha risa…
Pero, ¿eso no sería robarte la idea también?
Ay, no, si a mí me da lo mismo. Pienso que queda muy bien.
Pero una vez…
¡Ya!, sí sé lo que pasó una vez, pero basta. Te digo que a mí realmente no me importa que tomes algunas de mis ideas. Además, puede que no sea sólo mía, podría ser de cualquier persona que repare en ello. Son detalles. Y no me vengas con eso ahora, porque cuando te lo dije tú también me comentaste que te parecía divertido. A ti te gustan esa clase cosas, lo sé, por lo que es imposible que no te hayas fijado antes.
Para mí es imperceptible, te lo juro. Vivo inmerso en este lugar y hay cosas que no puedo ver, incluso si ocurren frente a mis ojos.
Ummm, no te creo.
No me creas.
¿Y tú me crees?
¿Se puede creer en ti?
Ya.
¿Ya qué?
Ya, nomás.
¿Entonces?
Te digo que no me afecta, si yo lo dije o lo hiciste tú, da lo mismo.
Pero qué pena que tenga que escribir tus ideas porque no tengo las propias, qué gracioso a la vez.
No son ideas de nadie y lo sabes. Son cosas que ocurren y que algunos tienen el ánimo de relatar. Tal vez lo meritorio está en la forma en que se hace.
Ah, entonces estoy perdido.
Más o menos.
¿Más o menos?
Jaja. No, mentira.
Tú deberías dedicarte a esto, pienso que te iría mucho mejor que a mí.
Tú estay loco, ¡yo sería un fracaso!
Nada de lo que haces te sale mal, eres lo estrictamente opuesto a mí.
Pero yo no sirvo para escribir… Tú eres el que escribe, ahora te haces el desentendido. Sabes que lo haces bien, a mí al menos me gusta leer tus cosas, eres mi favorito yo creo.
Yo pienso que tú sí sabes escribir, ¿qué hay de las cartas que me das?
Ay, ya, si sabís que me da vergüenza.
¿Y se puede creer en tus cartas, o también son pura ficción, como mis papeles?
Sí se puede.
Yo siempre creo.
Y yo sé que crees.
¿De dónde salió todo eso de las ideas? Perdón por preguntártelo, pero creo que no podría haber partido sino de ti.
Está bien, suficiente, se acabó el tema. Sólo te voy a decir lo siguiente: a veces, cuando uno ama a alguien, y está desesperada y no puede encontrar la manera de resolverlo, decide optar por lo más sano.
¿El odio?
Más o menos.
¿Cómo?
En este caso sí, el odio.
Pero…
Porque cuando no puedes estar con esa persona, e intentas todo cuanto está a tu alcance para olvidarla y nada de eso resulta, como ser indiferente por ejemplo, no hay más opción que comenzar a odiarla. Y cada vez que piensas en ella la odias más y más, la odias tanto como la amas. Odias para invadir, para sustituir lo que hay dentro. En definitiva odias porque no puedes hacer otra cosa. Pero por sobretodo te odias a ti misma.
¿Tienes los ojos abiertos?
Sí, ¿y tú?
Sí.
¿Pondrás al cabro que se asoma por la puerta?
Ahora ya no estoy tan seguro.
¿Por qué no?
Tengo que sintetizar el cuento, hasta ahora está más extenso que lo que señala las bases.
Pero es tu cuento.
Sí, lo es.
Entonces no lo cortes.
Pero si no lo hago lo rechazarán.
Pero si lo cortas dejaría de ser tu cuento.
En parte, sí.
Y dejaría de tener un pedacito de mí.
Si quiero ganar tendría que hacer el sacrificio.
¿En verdad te importa?
Sí y no.
No es que no quiera que concurses, pero si te lo pidiera, ¿dejarías el cuento como está, quiero decir, con su idea original?
Si tú me lo pidieras, sí.
Pero no quiero pedírtelo.
¿Por qué no?
Porque acabo de hacerlo.
¿Y entonces?
Entonces ya obtuve lo que quería.
¿Estoy entre tus redes?
De hecho, es todo lo contrario.