sábado, 22 de septiembre de 2012

Yo no tenía esperanzas. Pero no lloraba. Tan sólo arrugaba la frente.

Lao Sheh

lunes, 3 de septiembre de 2012

ENFERMERA. –¿No deberíamos esterilizarlo, doctor?
DR. BENWAY. –Probablemente, pero no hay tiempo. –Se sienta en el desatascador como si fuera un bastón-asiento, y contempla cómo el ayudante hace la incisión–. Vosotros los jóvenes sois unos inútiles que no podéis sajar un grano sin bisturí eléctrico con drenaje automático y sutura más automática todavía… Dentro de poco estaremos operando por control remoto a unos pacientes que nunca habremos visto… No serviremos más que para apretar botones. La cirugía ya no necesitará habilidad… Ni conocimientos ni técnica… ¿Les he contado que una vez realicé una apendicectomía con una lata de sardinas oxidada? Y otra vez me encontré sin instrumental alguno y quité un tumor uterino con los dientes. Eso fue en el Alto Effendi, y además…
DR. LIMPF. –La incisión está lista, doctor.
El doctor Benway hace entrar la ventosa del desatascador por la incisión y bombea arriba y abajo. La sangre salta sobre los médicos, la enfermera y las paredes… La ventosa produce un chapoteo espantoso.
ENFERMERA. –Creo que está muerta, doctor.
DR. BENWAY. –Bueno, son gajes del oficio. –Cruza la habitación hacia el botiquín…– ¡Algún jodido drogadicto me ha cortado la cocaína con detergente! ¡Enfermera! ¡Mande al chico a buscarme esa receta a paso ligero!
El doctor Benway opera en un auditorio lleno de estudiantes:
–Bien, jóvenes, no verán ustedes realizar esta operación con mucha frecuencia y hay una buena razón para ello… No tiene el más mínimo valor médico. Nadie sabe cuál era su finalidad, ni si tenía alguna finalidad. Personalmente creo que se trató de una creación puramente artística desde el principio. Al igual que el torero logra eludir con su habilidad y sabiduría el peligro que él mismo ha provocado, el cirujano hace peligrar deliberadamente al paciente de esta operación, para luego, con increíble rapidez y celeridad, rescatarle de la muerte en la última fracción de segundo disponible… ¿Alguno de ustedes ha visto actuar al doctor Tetrazzini? Digo actuar a sabiendas, porque sus operaciones eran auténticas. Comenzaba lanzando un bisturí sobre el paciente desde la puerta y luego hacía su entrada de bailarín de ballet. Su velocidad era increíble: «Así no les dejo tiempo para morirse», decía. Los tumores le provocaban un frenesí de rabia. «¡Jodidas células sin disciplina!», refunfuñaba avanzando sobre el tumor como un navajero.

William Burroughs

martes, 7 de agosto de 2012


Gamberros rockeros adolescentes toman por asalto las calles de todas las naciones. Irrumpen en el Louvre y arrojan ácido al rostro de la Gioconda. Abren puertas de zoos, manicomios, cárceles, revientan las conducciones de agua con martillos neumáticos, rompen a hachazos el suelo en los lavabos de los aviones comerciales, apagan faros a tiros, liman los cables del ascensor hasta un solo hilo, conectan las alcantarillas a los depósitos de agua, arrojan tiburones y rayas, anguilas eléctricas y candirús a las piscinas (el candirú es un pez pequeño en forma de angula o gusano de medio centímetro de grosor y de unos cinco de largo que circula por ciertos ríos de mala reputación de la cuenca del Amazonas, y que se cuela por la picha o por el culo, o por el coño de las mujeres faute de mieux, y se queda allí enganchado gracias a sus espinas afiladas sin que se sepa bien con qué objeto porque no ha habido ningún voluntario que observe in situ el ciclo vital del candirú), meten el Queen Mary a toda máquina en el puerto de Nueva York vestidos de marineros, hacen carreras con aviones y autobuses de pasajeros, irrumpen vestidos de bata blanca en hospitales y clínicas llevando serruchos y hachas y bisturíes de un metro de largo; sacan a los paralíticos de sus pulmones de acero (imitan sus ahogos revolcándose por el suelo con ojos desorbitados), ponen inyecciones con bombas de bicicleta, desconectan los riñones artificiales, cortan a una mujer por la mitad con una sierra quirúrgica de dos manos, meten piaras de cerdos gritones en la Bolsa, cagan en el suelo de las  Naciones Unidas y se limpian el culo con tratados, pactos, alianzas.

Burroughs

miércoles, 1 de agosto de 2012

No todos eran así. Había algunos buenos tipos, y el Sordo era uno de los mejores. Nadie conocía su verdadero nombre, ni el Sordo se lo podía decir porque era sordomudo. Creo que se había pasado casi toda la vida dentro. Su celda era la más cómoda de toda la cárcel, era el único autorizado a hacerse el té. Estuve a menudo en su cuarto. No se hablaba nada, como es natural. Estábamos ahí sentados, a veces nos sonreíamos, nada más.  Hacía té -el mejor que he probado en mi vida. Algunas tardes daba una cabezada en su sillón, mientras él leía uno de los tebeos de guerra que tenía apilados en un rincón. Cuando algo me preocupaba solía contárselo. No entendía una palabra, pero asentía y sonreía o se ponía triste, lo que le parecía adecuado a la expresión de mi cara. En general, los demás presos le hacían muy poco caso. Los guardias le apreciaban y le traían  todo lo que quería. A veces tomábamos tarta de chocolate con el té. Sabía leer y escribir, así que no estaba mucho peor que yo.

Ian McEwan

miércoles, 4 de julio de 2012

miércoles, 30 de mayo de 2012

La memoria es una gran bendición, Peter. Lo mejor después de la muerte. 

Paul Auster

viernes, 4 de mayo de 2012