martes, 31 de diciembre de 2013
4. La herencia. El tesoro que nos dejaron nuestros padres o aquellos que creímos nuestros padres putativos es lamentable. En realidad somos como niños atrapados en la mansión de un pedófilo. Alguno de ustedes dirá que es mejor estar a merced de un pedófilo que a merced de un asesino. Sí, es mejor. Pero nuestros pedófilos son también asesinos.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Cuando Arturo Belano creía que todas sus aventuras se habían acabado, su mujer, la que había sido su mujer, la que todavía era su mujer y la que probablemente iba a ser su mujer hasta el fin de sus días (al menos, legalmente hablando), lo fue a buscar a su casa junto al mar y le anunció que el hijo de ambos, el joven y apuesto Gerónimo, se había perdido en Berlín durante las Jornadas del Caos.
Esto sucedió en el año 2005.
R. Bolaño
Esto sucedió en el año 2005.
R. Bolaño
viernes, 13 de diciembre de 2013
no tengo que escribir canciones de amor
no ves... que espero resucitar
mientras miras esos ojos de videotape
ya llega aquel examen del bien y el mal
ya llegan las noticias cruzando el mar
no ves... que el mundo gira al revés
mientras miras esos ojos de videotape
este mundo extrañara por siempre
la película que vi una vez
y este mundo te dirá que siempre
es mejor mirar a la pared
ya tienes las postales del Paraguay
ya tienes las valijas sobre el diván
te vas
el mundo gira al revés
mientras miras esos ojos de videotape
este mundo extrañara por siempre...
ya tienes las postales del Paraguay
ya tienes las valijas sobre el diván
te vas
el mundo gira al revés
mientras miras esos ojos de videotape
este mundo extrañara por siempre...
domingo, 1 de diciembre de 2013
Le digo adiós. Ella no dice nada. Se mira las manos, luego se las mete en los bolsillos del vestido. Sacude la cabeza. Vuelve a entrar en casa, y esta vez cierra la puerta.
Me alejo por la acera. Unos niños se pasan un balón de fútbol al otro extremo de la calle. Pero no son hijos míos. Ni hijos de ella. Hay hojas secas por todas partes, incluso en las cunetas. Mire donde mire, las veo a montones. Caen de los árboles a mi paso. No puedo avanzar sin que mis pies tropiecen con ellas. Deberían hacer algo al respecto. Deberían tomarse la molestia de coger un rastrillo y dejar esto como es debido.
Me alejo por la acera. Unos niños se pasan un balón de fútbol al otro extremo de la calle. Pero no son hijos míos. Ni hijos de ella. Hay hojas secas por todas partes, incluso en las cunetas. Mire donde mire, las veo a montones. Caen de los árboles a mi paso. No puedo avanzar sin que mis pies tropiecen con ellas. Deberían hacer algo al respecto. Deberían tomarse la molestia de coger un rastrillo y dejar esto como es debido.
R. Carver
sábado, 30 de noviembre de 2013
Recuerdo muy bien el día que sucedió. Estábamos en el campo y había salido a dar un paseo a solas, como hacía de vez en cuando. De súbito, al pasar ante la escuela, oí una canción alemana; los niños tenían clase de canto. Me detuve a escuchar, y en aquel instante se apoderó de mí una extraña sensación, difícil de analizar pero afín a algo que más tarde conocería muy bien: una sensación turbadora de irrealidad. Me daba la sensación de que ya no reconocía la escuela, la cual se había hecho tan grande como un barracón; los niños que cantaban eran prisioneros, obligados a cantar. Era como si la escuela y la canción de los niños estuvieran separados del resto del mundo. Al mismo tiempo mi mirada tropezó con un trigal cuyos límites no podía ver. La vastedad amarilla, deslumbrante bajo el sol, se unía a la canción de los niños encarcelados en la escuela-barracón de piedra pulida, y me producía tal inquietud que rompí en sollozos. Corrí al jardín nuestra casa y empecé a jugar «para hacer que las cosas parecieran como de costumbre», es decir, para volver a la realidad. Fue la primera aparición de aquellos elementos que estuvieron siempre presentes en posteriores sensaciones de irrealidad: vastedad sin límites, luz brillante y el resplandor y la suavidad de las cosas materiales. (Rence Sechehaye)
sábado, 9 de noviembre de 2013
Son espejismos las ciudades
no corren los trenes, nadie camina por las calles
y todo está en silencio
como si hubiera huelga general
Pero porque todo está hecho para tu olvido
y yo mismo dudo si soy muerto o viviente
tal vez ni mis brazos puedan cruzarse sobre mi pecho
acostumbrado como estaban al contorno de tu cuerpo
Pero aunque no sobrevivirán muchas cosas
y es cierto que mis ojos no serán mis ojos
ni mi carne será mi carne
y que Chile entero te está olvidando
Que se me derritan los ojos en el rostro
si yo me olvido de ti
Que se crucen los milenios y los ríos se hagan azufre
y mis lágrimas ácido quemándome la cara
si me obligan a olvidarte
Porque aún hay miles de mujeres en quien poder
alegrarse y basta un golpe de manos
para que vuelvan a poblarse las calles
no reverdecerán los pastos
ni sonarán los teléfonos ni correrán los trenes si
no te alzas tú la renacida entre los muertos
Hoy se han secado los últimos valles
y quizá ya no haya nadie
con quien poder hablar sobre la tierra
Pero aunque eso suceda
y Chile entero no sea más que una tumba
¡Despiértate tú, desmayada, y dime que me quieres!
no corren los trenes, nadie camina por las calles
y todo está en silencio
como si hubiera huelga general
Pero porque todo está hecho para tu olvido
y yo mismo dudo si soy muerto o viviente
tal vez ni mis brazos puedan cruzarse sobre mi pecho
acostumbrado como estaban al contorno de tu cuerpo
Pero aunque no sobrevivirán muchas cosas
y es cierto que mis ojos no serán mis ojos
ni mi carne será mi carne
y que Chile entero te está olvidando
Que se me derritan los ojos en el rostro
si yo me olvido de ti
Que se crucen los milenios y los ríos se hagan azufre
y mis lágrimas ácido quemándome la cara
si me obligan a olvidarte
Porque aún hay miles de mujeres en quien poder
alegrarse y basta un golpe de manos
para que vuelvan a poblarse las calles
no reverdecerán los pastos
ni sonarán los teléfonos ni correrán los trenes si
no te alzas tú la renacida entre los muertos
Hoy se han secado los últimos valles
y quizá ya no haya nadie
con quien poder hablar sobre la tierra
Pero aunque eso suceda
y Chile entero no sea más que una tumba
¡Despiértate tú, desmayada, y dime que me quieres!
R. Zurita
sábado, 26 de octubre de 2013
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